jueves, 12 de marzo de 2015

Hasta siempre, Sir Terry.

Hoy es un día triste para la literatura. Sir Terry Pratchett ha muerto. Su Twitter oficial dejaba estos mensajes esta misma tarde.


Se ha ido uno de los grandes. Autor de, entre otras muchas cosas, la saga de Mundodisco, en sus novelas ofrecían un humor revestido de crítica de la sociedad que a muchos nos encantaba. Recuerdo claramente como "La luz fantástica" fue el primer libro con el que me reí tanto que mis padres vinieron a ver qué me pasaba. Pocas veces más me ha pasado, y la mayoría han sido con libros de Mundodisco. 

Hoy no sólo nosotros nos despedimos de él, lo que ya es bastante duro, sino que todos los personajes que creó en sus novelas quedan huérfanos. Rincewind, los magos, la Guardia, las brujas, la muerte... Infinitos personajes, infinitas posibilidades que ya sólo estarán en las estanterías del Espacio B, en las manos de un buen bibliotecario con forma de orangután y que siempre dice "Ooook? Ooook!" (nunca le llaméis mono). Espero que la muerte que se lo haya llevado también hablara así, en versalitas, y que fuera tan comprensiva y vivaz como en sus novelas.

Si no conocíais su obra, desde aquí os recomiendo que empecéis cuanto antes, ya sea con el Mundodisco o cualquiera de sus otras novelas (Buenos Presagios, escrita a medias con Neil Gaiman, también es muy buena). No os lo perdáis, no sea que un día los auditores de la Realidad decidan mandarlo todo a paseo o una bruja enfurecida que no sabe escribir banananananana os convierta en gato (u os haga pensar eso con cabezología). Puede que un día un dragón arrase tu ciudad y sólo tengas una oportunidad entre un millón de matarlo, de esas oportunidades de una entre un millón que, afortunadamente, suceden nueve de cada diez veces. O que un día despiertes convertido en tortuga, y los filósofos te persigan con sus flechas intentando comprobar alguna teoría absurda. Que tu bar explote, y no tengas una paliza de canguros con la que arreglar el desaguisado.

Vive, siente, ama, lee todo lo que puedas. Eso es lo que nos enseñaba Pratchett, disfrazado de chiste sobre un mago torpe. 

Y sobre todo, no temas al segador. 

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